26 de septiembre de 2011

La tierra de las cuevas pintadas - Jean M. Auel

Ayla, una cromañón de hace 40.000 años que ha vivido innumerables aventuras, ahora, asentada lucha por encontrar un equilibrio entre sus nuevas obligaciones como madre y su preparación para convertirse en líder espiritual y en curandera. Durante su formación realiza viajes, observa la naturaleza y adquiere muchos nuevos conocimientos. También tiene ocasión de visitar  lugares desconocidos y algunas cuevas, donde queda muy impactada al ver por primera vez las maravillosas pinturas que se encuentran en ellas; contemplar el arte de sus antepasados le ayuda a sentirse especialmente cercana a la Madre Tierra. La protagonista de la serie se halla tan sumida en su aprendizaje y en sus tareas que Jondalar tiene que ocuparse, cada vez más, de la pequeña Jonayla. Con el tiempo, empieza a sentir la soledad más que nunca cacerías, viajes, al Campamento de las Reuniones de Verano, ceremonias sagradas, ritos matrimoniales, fabuladores de historias...son algunos de los ricos detalles de la forma de vida y organización social que la autora nos relata de los cromañones durante la Edad Glacial.
Toda la saga de Los hijos de la tierra:
  • El clan del oso cavernario
  • El valle de los caballos
  • Los cazadores de mamuts
  • Las llanuras del tránsito
  • Los refugios de piedra
  • La tierra de las paredes pintadas


Como era el último libro de la saga quería saber como terminaba todo. La verdad sea dicha, al terminar "Los refugios de piedra" yo ya lo daba por zanjado con su final abierto. Este libro tiene sus cosas buenas y sus malas. Las malas son que desde el principio a la mitad es muy pesado. Extremamente descriptivo (a veces innecesariamente), demasiadas explicaciones de las medicinas, del paisaje, de todo. Además que salen demasiadas cuevas y sus respectivas explicaciones. Con dos bastaban y por lo menos hay 10! Lo malo del libro es que se sobrepasa en todos esos aspectos. Además hay veces que no he podido evitar pensar que les atribuía muchas cosas. Para empezar parece que todas las cosas le sucedan a la protagonista, Ayla. Y luego que todos los conocimientos, las costumbres, la cultura, la sociedad... a veces parecen tan avanzados que no parece que hayan pasado 40.000 años. Obviamente deberían leerse los otros libros anteriores. ¿Problema? Las mismas pegas que en este. Lo único que el primero es el que más me ha gustado con diferencia. El peor para mi fue el de "Las llanuras del tránsito".
Lo bueno es que el final vale la pena. ¿Vale la pena tragarse todo lo demás solo para leer el final? Sí y no. Depende de las ganas que tengas de saber como acaba la historia (que a veces parece interminable) de Ayla. Pero yo creo que si Además me he emocionado y me ha gustado como termina y la acción que mete la autora. Visto que en todo lo anterior parecía no pasar casi nada.
En conclusión es un libro "regular", pesado, con demasiadas cosas, con un final que vale la pena y toda una historia que le precede.

4 comentarios:

  1. Hola :) No tengo ni idea de qué tal es 1q84, pero ya puse en mi entrada que Murakami me gusta sólo a ratos. Esta parece ser de su estilo royo ciencia-ficción-filosófica que, lo siento, todavía no estoy capacitada para comprender. Si ya lo tienes por casa, puedes probar. No pierdes nada :)

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  2. Hoola :)

    Ains, se que mucha gente me matará por decirlo, pero no me llama NADA en absoluto esta saga y eso que es super reconocida y demás, pero no me atrae para nada.

    Muaack!

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  3. Jo, pues yo coincido con mi coleguita de aquí arriba, no me llama en lo absoluto.

    Y no sé, porque tanto era mi desinteres que ni siquiera las reseñas me leía (y que las hay muchas, vaya que sí). Pero venga, creo que ahora tengo más pretextitos para no voltearlo a ver. Y es que las sagas me gustan muchísimo, pero no de esa manera, no cuando tu único motivo para seguirlas leyendo es saber en qué finalizará. Y que se pongan todo lo poéticos que quieran con sus parrafadas super extensas, para mi que se ponen pesados, eso.

    (:

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  4. Esto me queda,
    una música disonante,
    los metales de mi crucifijo,
    el anjeo que no permite
    a mis entrañas desparramarse,
    un silencio que templa pancartas,
    el llanto que desteje mi voz.

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